La miopía política es entendida
como la cortedad de visión con la que un gobernante desenvuelve su gestión.
Precisamente eso es lo que predomina en la mayoría de gobernantes de América
Latina y del Perú. Parte de esa miopía política es la limitada importancia que
le brindan al aspecto cultural.
La herencia española sobre la
división geográfica y reducción de porciones de tierra a pequeños espacios con
denominaciones arbitrarias parece haber reducido con ello el cerebro de algunos
que llegan al poder de la municipalidad delegada, distrital, provincial; del
gobierno regional o nacional.
En Lambayeque andino por años
pre-inca se mantuvieron unido los pueblos de Kañarís, Penachí e Incahuasi. La
base social, económica y política era de cooperación, unión y trabajo
colectivo. Por ello es que estos pueblos hermanados crecieron y resistieron a
todo tipo de influencia desde Chavín, Moche, Wari, Chimú, Sipán, Sicán; Incas y
españoles.
Los españoles dividieron a estos
pueblos y los desmembraron culturalmente. En la República de han nacido los
distritos. Los distritos como expresión de la burocracia. Si antes trabajan por amor
al pueblo ahora lo harían por amor al presupuesto. En los centros poblados los
alcaldes sueñan con tener un sueldo de 500 a 1000 soles. Desmembrados y
burocratizados los pueblos, llevan a sus sillones gubernamentales, a miopes políticos
que no consideran esencial fortalecer la integración cultural.
Penachí, Kañarís, Inkawasi hasta
ahora viven integrados culturalmente a través de las fiestas y cotidianamente
conviven con la música, la vestimenta, el intercambio comercial. En casi todos
los pueblos del ande suena fuerte la cashua y el huayno de Gladys Aurora, El
Viajero de los Andes, La Norteñita de los Andes, Perlita de los Andes, Florcita
de Kañarís, La Encantadora Florestrella de Penachí, entre otros. El huayno y
cashua se baila hasta en Lambayeque, Lima, Motúpe, Chiclayo en las pequeñas
colonias que emanan de estos pueblos andinos.
En Lambayeque en cada baile, nos
reunimos, entre miembros de estos
lugares, universitarios, obreros, campesinos, taxistas y bailamos la Cashua y
el huayno. En ella incluso compartimos el poncho con entusiasmo. La vestimenta
entonces juega un rol esencial en la identidad de estos pueblos y recordamos
con nostalgia los andes de Pampaverde, Huaratara, Tallapampa, Murujaga,
Chiñama, Kerguer, Hualanga, Yaque, Incahuasi, Kañarís y tantos pueblo más. Del
mismo modo el intercambio económico es muy fuerte Kerguer, Yaque, Hualanga y La
Ramada proporcionan las frutas; Pampaverde, Ayahuil, Murujaga, Succhapampa,
Penachí brindan el cañazo y la chancaca; mientras que de Incahuasi se trae el
trigo, la oca, la papa, el olluco y otros productos. Lo mismo sucede con
Colaya, Huallabamba, Chiñama y Kañarís en general.
Esto no se ha visualizado, por
años, como tal por la miopía política de nuestros gobernantes. Ojalá que Cesar Martans Manayay Lucero de
Incahuasi, Horacio De La Cruz Silva de Salas y José Gaspar Lucero de Kañarís traten
de integrar y vincular los puntos comunes de estas tierras. La integración
cultural existe solo es cuestión de fortalecerla y a partir de ahí empezar el
desarrollo turístico, agrario, social y con ello el desarrollo económico. El
ciclo de desarrollo debe ser parte de esta integración cultural existente.

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